Lo que parecía un simple show terminó convirtiéndose en una pieza crucial de una investigación de alto impacto. En agosto de 2002, el reconocido empresario Fernando Capellán, presidente del Grupo M e hijo del prominente industrial Juan Fernando Capellán, fue secuestrado en Santiago mientras hacía ejercicios cerca de su residencia.

Los secuestradores, encabezados por el prófugo Rafael Villa Cartagena, exigieron US$3.0 millones como rescate. Finalmente, tras angustiosos ocho días de cautiverio, la familia pagó US$1.175 millones para lograr su liberación. Fue entregado el 10 de septiembre en Los Ranchitos, de La Vega al sacerdote Rogelio Cruz, intermediario en la entrega del pago por el rescate.
Pero fue un detalle casi cinematográfico el que cambiaría el rumbo de la investigación: mientras estaba secuestrado en una vivienda del distrito municipal de Catalina, en Baní, Capellán logró oír por un altavoz de una guagua anunciadora un anuncio promocionando una fiesta que sería amenizada por Rubby Pérez.

La Policía Nacional tenía como investigador del caso al general Yuri Ruíz Villalona, quien no dudó en convocar al famoso merenguero para que ofreciera detalles sobre su presentación. De manera voluntaria y decidida, Rubby colaboró plenamente, revelando el nombre exacto del centro de diversión donde había cantado en la fecha del secuestro, aportando una pista vital para ubicar el lugar donde mantenían al empresario.
Gracias a la información del artista, sumada a la descripción de una escalera en espiral proporcionada por Capellán, las autoridades lograron determinar que la víctima había estado retenida en una propiedad de Villa Cartagena.
A pesar del éxito parcial en la investigación, ninguno de los involucrados fue capturado, y el caso quedó finalmente archivado, dejando una estela de misterio.
Este recordado secuestro volvió a la memoria colectiva tras el fallecimiento el 10 de septiembre de 2019, en Miami, del patriarca Juan Fernando Capellán, a los 79 años, cabeza de una influyente familia oriunda de Tamboril, en Santiago.
Un crimen millonario, un héroe inesperado en los escenarios… y una colaboración que marcó un antes y un después en uno de los casos más sonados del país.




